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La RBis como antídoto contra la irresponsabilidad sociópata del capital.

La RBis como antídoto contra la irresponsabilidad sociópata del capital.

J. Agustín Franco Martínez

Resumen: Reflexión sobre el fraude intelectual y la composición tóxica del discurso universitario acerca de la Responsabilidad Social Corporativa que teje el traje moral de las empresas.

1.Introito:

Había una vez un Gran Patroncito orgulloso de su función social, así que ordenó a su séquito de profesores universitarios que le diseñaran un traje a medida. Cada año lucía su hermoso atuendo subido en una caravana y sosteniendo entre sus manos la memoria anual de RSC de su empresa, el complemento indispensable de su nueva imagen ante el pueblo. Un día, mientras todo el mundo vitoreaba al capitalista, un niño gritó riéndose: “¡Está desnudo, lleva al aire toda la irresponsabilidad sociópata del capital!”

2.Cocinando el veneno de la RSC:

La Comisión Europea define la Responsabilidad Social Corporativa como el compromiso voluntario de las empresas con las preocupaciones sociales y medioambientales, más allá de los requisitos jurídicos y obligaciones mínimas reguladas en los convenios colectivos. La RSC pretende conciliar tres dimensiones concretas: los objetivos económicos, sociales y medioambientales. Con estos objetivos se pretenden satisfacer las necesidades de los “grupos de interés” o stakeholders vinculados a la empresa: accionistas, clientes, proveedores, trabajadores y todas las partes interesadas en la actividad comercial de la empresa. En suma, según la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas, la RSC es un planteamiento estratégico empresarial para obtener ventajas competitivas duraderas.

Desde tres enfoques básicos suelen posicionarse las empresas con respecto a la RSC: estético, estratégico y filantrópico. Ya sea de un modo u otro, las empresas tratan de publicitar su comportamiento ético a través de las denominadas “memorias anuales de RSC”.

Sin embargo, ninguno de estos enfoques es válido ni legítimo, aunque colateralmente contribuyan al bienestar de sus empleados, la mejora de la calidad de vida de los entornos en los que operan las empresas y de la sociedad en conjunto.

La justificación “científica” e ideológica del discurso sobre la RSC procede fundamental y paradójicamente de la universidad. Así veremos que hay vicerrectorados, revistas, cursos de verano, tesis, libros y grupos de investigación volcados sobre esta temática.

Por ejemplo, la Fundación Luis Vives edita desde 2009 la Revista de la Responsabilidad Social de la Empresa donde suelen firmar numerosos investigadores universitarios. O también el libro financiado con fondos públicos “Responsabilidad social corporativa en España y Portugal” que recoge las ponencias de un curso de verano celebrado en la Universidad de Extremadura en 2007. Recientemente se ha presentado en Badajoz en la Facultad de Económicas una tesis que analiza “las claves del éxito del marketing con causa”. Incluso ONGs y asociaciones universitarias críticas con el sistema y vinculadas explícitamente con la transformación de las injusticias desde la Cooperación al Desarrollo se han visto secuestradas por la RSC, es el caso de la escisión sufrida por Ingeniería Sin Fronteras, de la que ha nacido Ongawa.

Con permiso de Saramago, estos pensamientos constituyen un ensayo sobre la ceguera existente y persistente acerca de la RSC. Incluida la aparente nueva vuelta de tuerca introducida por la “Economía del Bien Común” que promueven empresas austriacas del Tercer Sector, que se ampara en la legitimidad del enfoque filantrópico, pero que ya lleva practicando desde hace tiempo la congregación religiosa laica de los focolares de Chiara Lubic a través de lo que ellos denominan “Economía de Comunión”.

El timo de las estampitas de Reyes, Sotas y Caballos se acabó. El juego de los trileros de tribuna universitaria toca a su fin. Los cocineros de la alta economía deben ser denunciados, ya no sólo no alimentan, sino que envenenan. La RSC ni es Responsable ni Social ni Corporativa, antes bien, es sólo un vano intento de camuflar o disimular su verdadera vocación de ISC (Irresponsabilidad Sociópata del Capital).

La ISC constituye la verdadera identidad y la agenda oculta de la RSC. A continuación se justifica cómo la RSC ni es responsable ni social ni corporativa. Dos principios capitalistas básicos desacreditan la aparente loabilidad del discurso sobre la RSC: la defensa obscena de la propiedad privada y la apología inmoral de la explotación laboral.

A los principios anteriores hay que añadir la deriva neoliberal del discurso hacia posturas que radicalizan la defensa de su carácter voluntario y la reticencia a un marco jurídico sobre mecanismos externos, imparciales y transparentes de auditoría. De manera que la RSC es a lo sumo una estrategia de marketing para el lavado de imagen de la empresa. Una engañifa frente a una ciudadanía cada vez más formada e informada.

En definitiva, en estas líneas se trata de incitar a la reflexión sobre el fraude intelectual y la composición tóxica del discurso universitario neoliberal sobre la responsabilidad social de la empresa capitalista. ¿¡Cabe mayor oxímoron!?

Los principales argumentos que evidencian la ISC van desde la evasión fiscal hasta el uso de dobles estándares en la aplicación de tecnologías sostenibles. Pasando por la exclusión del mercado de poblaciones enteras. La ingeniería contable. La especulación financiera. La biopiratería. La contaminación y degradación medioambiental. La violación de derechos humanos y laborales. La obsolescencia programada. La financiación de armamento. Y el marketing agresivo que induce al consumo compulsivo e irresponsable.

En realidad la RSC encubre un delito económico consistente en el blanqueo de la imagen, falseando la realidad de los impactos económicos, sociales y medioambientales de la empresa. Todos estos problemas y controversias son abordados en el documental “No a la venta” disponible en la web del “Observatorio de RSC”.

¿Por qué la RSC es un fraude intelectual? Porque oculta que se trata de una interpretación neoliberal de la economía, cuyos fundamentos básicos son la propiedad privada, la lucha de clases y el proceso de acumulación capitalista. Olvidando explicitar que la lógica de acumulación capitalista es incompatible con cualquier mínima idea de solidaridad y bienestar social.

¿Por qué la RSC es un discurso tóxico? Porque inocula un mensaje dañino para los intereses de trabajadores y de la mayoría de excluidos del sistema. El mensaje de salvación y bienestar futuro. La RSC es la nueva versión religiosa de la caridad y del cristianismo misionero. La rentabilidad de la pobreza ha sido siempre bien conocida por los fanatismos religiosos y los multimillonarios filántropos.

La RSC es un placebo que no cura el ansia de explotación del empresario. La RSC es un eufemismo que ya no cubre la impudicia asesina de la propiedad privada. La RSC es una máscara intelectualoide que ya no engaña ni al más crédulo incauto. La RSC es un truco de magia para desviar la atención de lo esencial. La RSC es una especia venenosa. La RSC es una toxina contra la dignidad humana.

Los mismos defensores de la RSC niegan tozudamente el callejón sin salida al que se enfrentan cuando defienden el criterio de voluntariedad de las empresas para aplicar iniciativas socialmente responsables, y a la vez, la transparencia sin más auditoría que la “penalización del mercado por malas prácticas”. Es decir, se trata sólo de una estrategia de marketing para conseguir el objetivo insolidario y sociópata de siempre, maximizar los beneficios privados mediante la dominación y la explotación, perpetuando así la lucha de clases sine die.

Cómo hablar de buenas prácticas más allá de lo legalmente establecido si la primera responsabilidad de toda empresa (cumplir la ley fiscal y laboral) se incumple sistemáticamente, por activa y por pasiva, por la propia lógica del proceso de acumulación capitalista.

Así, oiremos el falaz dilema moral al que se enfrenta el asesor fiscal de una empresa cuando afirma que no estaría haciendo bien su trabajo si no consiguiera que su empresa pagase menos impuestos. O aquel otro encargado de la internacionalización de una empresa que se autojustifica éticamente cuando trata de deslocalizar y externalizar parte de la empresa para reducir costes.

Los propios activistas que denuncian las malas prácticas de las empresas reconocen que la mayoría de ellas no está interesada en adoptar auténticos compromisos de RSC, sino más bien en adoptarlos superficialmente para mejorar, o al menos no comprometer, la imagen de la empresa.

Así, por ejemplo, la asociación de consumidores Consumers International publicó en 2010 un estudio sobre la RSC de los supermercados europeos, concluyendo que las iniciativas de responsabilidad social han fracasado debido a su carácter voluntario, la inexistencia de una verificación efectiva y la falta de un sistema de sanción y cumplimiento efectivo.

3.Fases de la agenda oculta de la RSC:

Puede exponerse el proceso de deconstrucción de la RSC en las tres fases siguientes siguiendo una metodología de aislamiento gradual de cada una de las toxinas implicadas en el concepto:

Primera fase: De la Responsabilidad Social Corporativa a la Irresponsabilidad Social Corporativa.

Segunda fase: De la Irresponsabilidad Social Corporativa a la Irresponsabilidad Sociópata Corporativa.

Tercera fase: De la Irresponsabilidad Sociópata Corporativa a la Irresponsabilidad Sociópata del Capital.

3.1.Primera fase: La toxina de la R

 

El discurso de la RSC es profundamente irresponsable. Irresponsable a tres niveles básicos: intelectual, social y económico.

Es una irresponsabilidad científica, por su falta a la verdad. Cualquier investigación que analice la RSC sin referirse a los dos principios capitalistas (propiedad privada y explotación laboral) y a las cuestiones controvertidas que indicábamos anteriormente (obligatoriedad y auditoría) es una falacia, un truco de magia.

El truco de la R consiste en hacer pasar por “responsable” lo que sólo es una ansiosa búsqueda de “rentabilidad”. ¿Cómo se logra este truco? Mediante las Memorias Anuales de RSC, que no son más que el billete falso que luce relumbrón el primero sobre un fajo de recortes de periódico. Bonitas memorias que esconden los datos reales.

Por ejemplo, según ADICAE (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros), sería el caso de las memorias de RSC de entidades bancarias y cajas sobre su Obra Social, cuyo importe anual es públicamente desconocido, a la vez que su porcentaje sobre los beneficios de la empresa es cada vez menor, a la par que aumentan sus inversiones en empresas y proyectos armamentísticos, más rentables que los proyectos sociales, como muestran los informes y estudios de Setem.

Es una irresponsabilidad social por el engaño y manipulación que supone vender a la ciudadanía gato por liebre, por disfrazar con piel de cordero al lobo. Un Anti-Rey Midas que convirtiese en mierda todo cuanto de solidario y de ético hay en el ser humano.

Es una irresponsabilidad económica por la cantidad de recursos que se invierten en la defensa de lo indefendible, el proceso de acumulación capitalista. Ya no puede salvarse el reinado del capital aduciendo a su responsabilidad social, a su generación de crecimiento y empleo, a su defensa del emprendedor que arriesga e innova. Su truco es tan ruidoso que es visible al más ciego. Su truco es tan palpable que es audible al más sordo.

El culto y la adoración al reinado del capital es muy similar a la reacción del pueblo norcoreano ante la muerte de su dictador. Muy similar al éxtasis de las rebajas. Muy similar a la publicidad bendita en la que nos bañamos y ungimos a diario.

3.2.Segunda fase: La toxina de la S

El discurso de la RSC es profundamente antisocial, insolidario y sociópata.

Es antisocial porque defiende la estructura de poder existente, niega la existencia de la desigualdad social y el rol de las empresas en este conflicto de clases. Más aún, la propia definición de la demanda desde la óptica empresarial es aquélla que cumple dos requisitos radicalmente antisociales: quien tenga la capacidad legal de comprar y la capacidad adquisitiva para pagar. El resto de la especie humana no forma parte del mercado.

Es insolidario porque promueve la privatización de todos los servicios públicos y, en suma, de todo el sistema público de bienestar social, como demuestra la silenciada evidencia empírica. Se recomienda al lector la lectura del Informe del Seminario de Economía Crítica Taifa “La estrategia del capital”.

Es sociópata porque es dañino no sólo para los intereses de quienes menos tienen, sino también para aquéllos que acumulan y acumulan, cada vez más preocupados y obsesionados por proteger sus nuevas riquezas. Es una enfermedad intelectual que sólo sirve para engordar el currículum, adelgazando la profesionalidad y directamente vomitando la solidaridad.

El truco de la S consiste en presentar como “social” lo que sólo es un interés crematístico malsano en la explotación del prójimo. Lo social interesa al lucro privado en la medida que desgrava y reduce la presión fiscal sobre sus beneficios. El truco de la S consiste en maximizar la socialización de los costes, haciéndolo con gracia y elegancia. Con gracia matemática y elegancia económica. “Ya que me engañan, al menos que lo hagan con clase”.

La gracia matemática del truco de la S consiste en conseguir que los clientes vendan duros a cuatro pesetas. La elegancia económica del truco de la S consiste en justificar el beneficio mutuo para las partes implicadas, sin hablar jamás de distribución, y mucho menos de redistribución, renta básica o abolición del mercado laboral.

Es sociópata no por ser indiferente a las necesidades de los más vulnerables, sino por su interés lucrativo en ellas. Para ello monopoliza los mercados de productos básicos: alimentación, salud, educación, vivienda y empleo. Y precisamente, la explotación del trabajo es la principal marca indeleble de su carácter sociópata. Y no sólo del trabajo asalariado, sino especialmente del no asalariado.

Es una Anti-Sota de Copas que continuamente llamase al duelo arrojando su vino de trescientos dólares sobre la cara del oponente que se atrevió a criticar su oropel y distinguida soberbia.

Es una toxina transgénica que vuelve de color verde fluorescente la sonrisa del emprendedor. De color rosa pálido la alquimia matemática de los economistas del género y del medioambiente. De color azul jurídico, cristalino y transparente las normativas de igualdad y las políticas de democracia económica. De colores…, economía de colores…

3.3.Tercera fase: La toxina de la C

El discurso de la RSC nada tiene que ver con las corporaciones, sean éstas empresariales o no. El objeto, no ya desnudo sino descarnado, de su investigación es la defensa de los intereses de los propietarios individuales del capital. Se pretende ocultar esto hablando de implicar a todos los agentes en la empresa, obviando que si la propiedad de los recursos productivos fuera pública/comunal no habría necesidad de hablar de RSC.

El discurso de los “stakeholders” o “grupos de interés” es repelente, dañino a la mente y al sentido común. Un artilugio al servicio de la profundización de la lucha de clases. Aquí los accionistas. Allí los empleados. A este lado los proveedores. A este otro los clientes. Más allá los ecologistas. Un poco más lejos los sindicalistas. La estrategia es clara: Divide y vencerás. Fragmenta la conciencia de clase, bombardea la unidad intrínseca del ser humano y verás crecer exponencialmente tus beneficios. ¿Acaso hay alguien que no ha reconocido ya en este proceder la estrategia del proxeneta?

Si el discurso de la RSC fuera coherente se acabaría diluyendo y desapareciendo de forma inocua. Recomendaría como línea principal de actuación a cualquier empresa su transformación hacia una cooperativa. Transformación jurídica y económica, lo que implica la propiedad y gestión común por parte de los socios de la cooperativa. Aunque si seguimos tirando del hilo acabaremos hablando de la abolición del empleo asalariado y de la implantación del derecho a la “renta básica”. Y en consecuencia, terminaremos abandonando las tierras de la RSC por estériles y fatuas.

En cambio, lo que tenemos es peor que una piedra en el riñón o una obstrucción en las arterias. La RSC es indigerible mediante el sentido común, por ello es preciso cauterizarlo y trasplantarnos la lógica del maltusianismo capitalista.

Es como un Anti-Caballo de Don Quijote que continuamente arrojase de sus lomos al bravo lancero dispuesto a batallar contra los gigantes.

El truco de la C consiste en hacerla extensiva a todas las instituciones sociales, refiriéndose no sólo a las corporaciones o grandes empresas, sino abarcando también a las PYMES, a la universidad, a la sanidad, a las ONGs, etc. El truco consiste en promover y extender sibilinamente un proceso de empresarización de todas las instituciones sociales. Clientelizar todas las relaciones humanas, económicas o no.

4.Desvelando el truco final:

 

En resumen, el timo de la estampita de los reyes, sotas y caballos, el discurso propagandístico de la RSC, es un insulto a la inteligencia, una ofensa a los excluidos del sistema y un delito económico flagrante porque la proliferación de este argumentario revela su faz verdadera, su ISC.

El discurso universitario sobre la RSC es mayoritariamente nefasto. Revela las enormes carencias del modelo empresarial capitalista que se sustenta en la lucha de clases, la sacralización de la propiedad privada, el incumplimiento sistemático de la ley fiscal, la violación de los derechos humanos y la destrucción del medioambiente. La concentración de poder empresarial no puede ser jamás sinónimo de responsabilidad social, excepto en un mundo esperpéntico y de greguerías.

Un discurso honesto habría de poner sobre la mesa la abolición del empleo asalariado –para lo cual ya existen propuestas como la “renta básica”- y la recuperación de la función social de la propiedad. ¿Quién se acuerda hoy del “derecho a la pereza” de Paul Lafargue?

No puede hablarse con rigor de la RSC sin un estudio y exposición previa de las aportaciones de las tres principales corrientes de economía crítica que confluyen entre sí: marxismo, ecologismo y feminismo.

El discurso de la RSC es una falsa y errónea promesa de incorporar ciertos valores éticos a la actividad empresarial. Intentando cuadrar el círculo de la rentabilidad económica, social y ecológica. Olvidando lo que ya advertía el profeta Almustafá: “En verdad la bondad que se mira a sí misma en el espejo se convierte en piedra”. (El Profeta. Jalil Gibrán, 1923).

La RSC es un juego de cartas marcadas. El nuevo opio para adormecer la conciencia de clase. Es hora de romper la baraja y desafiar en duelo a los pistoleros del mercado, a los mercenarios del dinero, a los especuladores de la Bolsa, a los radicales de la crematística, los demagogos de la rentabilidad y los clérigos de la competitividad…

El discurso académico neoliberal sobre la RSC consiste en legitimar el capitalismo. Así, cuando el desempleo apunta hacia la acumulación capitalista, algunos miran el dedo… Pero otros nos quieren hacer ver la RSC.

Y lo mismo ocurre cuando la deuda apunta a la banca… Cuando la indignación apunta hacia la especulación… Cuando la especulación apunta hacia el paraíso fiscal… Cuando el descrédito de la clase política apunta hacia la corrupción del poder…

Y lo mismo cuando la pobreza señala a los ricos… Cuando el inmigrante señala a la pobreza… Cuando la voz crítica mira hacia los enmudecidos… Cuando la crisis alimentaria apunta hacia la especulación financiera…

Cuando las víctimas del machismo “que no quieren denunciar” señalan a los violentos y sus cómplices institucionales… Cuando las empleadas de hogar “que no quieren contrato” apuntan a la burguesía explotadora…

Cuando el parado “que no quiere trabajar” mira hacia la plusvalía del empresario… Cuando el desahuciado “que no quiere pagar” señala a los prestamistas… Cuando el abstencionista “que no quiere votar” señala a la Ley D’Hont… Algunos miran el dedo, pero otros nos quieren hacer ver la RSC.

Cuando el enfermo “que no quiere curarse” apunta hacia el copago sanitario… Cuando el universitario “que no quiere estudiar” mira hacia Boloniatrix… Cuando el apóstata “que no quiere rezar” mira hacia la dogmatización institucionalizada… Cuando el hambriento “que no quiere comer” señala hacia la opulencia, el derroche y la sociedad consumista… Cuando el desposeído “que no quiere integrarse” señala hacia la propiedad privada…

Cuando la cultura de la subvención mira hacia la cultura de la especulación… Cuando el mísero gorrón mira hacia el soberbio glotón…

Cuando el derecho a la renta básica mira hacia el privilegio de las pensiones vitalicias y los sueldos astronómicos… Cuando la subsistencia bajo el umbral de la pobreza señala la orgía de las rentas del capital y los beneficios empresariales… Cuando el democrático descontento social por los recortes apunta hacia la dictadura económica de los mercados… Cuando la lucidez utópica del indignado mira hacia la sacra ceguera de la ideología neoliberal…

Cuando los millones de las loterías, apuestas y juegos de azar apuntan hacia la insolidaridad… Cuando los fusiles y armas de los ejércitos apuntan hacia la casa de otro… Cuando las campanas repican por el vecino… Algunos miran el dedo, pero otros nos quieren hacer ver la RSC.

Cuando el dedo apunta a la luna…, el poderoso lo recorta, lo amputa, poniendo en su lugar la prótesis de la RSC. Cuando el dedo apunta a la luna…, el creyente burgués lo comulga. Cuando el dedo apunta a la luna…, al pobre se lo administran como medicamento por vía rectal… Si supieran leer lo habrían visto en el prospecto constitucional del Euro. Cuando el dedo apunta a la luna, el economista crítico hace posible y cercana la utopía.

Cuando el dedo apunta a la luna hay quien mira el dedo y, además, es el mismo que confunde valor y precio, el mismo que no ve las estrellas pese a que no está llorando, porque está especulando con la RSC, allanándole aún más el camino al capital. Borrando el horizonte utópico de una sociedad sin clases.

Es hora de afirmar ya con rotundidad que nuestro horizonte no es tejer el traje moral de las empresas, pintándolas de verde ecologista o de rojo suave caramelo (RSC).

5.La RBis como antídoto contra la RSC:

La RSC es un juego de cartas marcadas, un virus que ya tiene cura. La Renta Básica de las iguales (RBis) es el antídoto para combatir la RSC. Sin embargo, para desintoxicarse de esta droga neoliberal es necesario “pasar el mono”. Algunos puede que incluso necesiten temporalmente la “metadona” de “la empresa y el empleo verde”, de “la economía del bien común” u otros sustitutos.

Pero al final, la erradicación de la pobreza, la abolición del trabajo asalariado y la superación de las relaciones sociales capitalistas es el horizonte hacia el que nos encamina el antídoto de la RBis.

Agradecimientos: A José Iglesias, por su brillante idea de reformular y reestructurar muchas de las propuestas económicas que hoy se presentan con más o menos acierto como supuestamente anticapitalistas. También a Antonio Giménez a quien agradezco sus sugerencias y la expresión de “tejer el traje moral de las empresas”.

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Categorías:Reflexiones
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